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Cómo el hielo más antiguo hallado en la Antártida podría revelar un enigma climático de hace 1,5 millones de años
Un núcleode hielo de 1,5 millones de años, recién extraído de la Antártida, podría resolver el mayor misterio del clima terrestre, al permitir reconstruir con precisión cómo variaron los gases de efecto invernadero en el pasado profundo y qué señales advierten sobre el futuro del planeta, según detalla Muy Interesante.
Recientemente llegada a Europa, esta estructura, considerada como el hielo más antiguo jamás recuperado, podría ofrecer respuestas a uno de los mayores enigmas de la paleoclimatología: el misterioso cambio en los ciclos glaciares de la Tierra ocurrido hace aproximadamente un millón de años.
Según informó Muy Interesante, el núcleo, obtenido en el marco del proyecto internacional Beyond EPICA – Oldest Ice, será sometido a un exhaustivo análisis en laboratorios europeos, con la esperanza de reconstruir la historia climática del planeta y anticipar los desafíos del cambio climático actual y futuro.
El cilindro, extraído en Little Dome C, permitirá analizar la evolución de los gases de efecto invernadero y anticipar desafíos climáticos futuros (IPEV)
El núcleo de hielo, que ya se encuentra en las instalaciones del British Antarctic Survey (BAS) en Cambridge, representa un hito científico y técnico. Extraído durante la cuarta campaña de perforación del proyecto Beyond EPICA, el cilindro fue recuperado a 2.800 metros de profundidad en Little Dome C, una remota región de la meseta antártica oriental.
Este enclave, situado a más de 3.200 metros de altitud y a unos 40 kilómetros de la estación Concordia, se caracteriza por su estabilidad y la antigüedad de su hielo, condiciones ideales para preservar registros intactos de la atmósfera terrestre.
La información, publicada por Muy Interesante, detalla que el núcleo fue almacenado bajo cero en túneles helados antes de su traslado a Europa. El viaje del hielo, desde uno de los lugares más inhóspitos del planeta hasta los laboratorios europeos, requirió años de planificación, tecnología de perforación avanzada y equipos capaces de operar en temperaturas que pueden descender hasta los -60°C.
Una colaboración internacional para una cápsula del tiempo atmosférica
El hallazgo, parte del proyecto internacional Beyond EPICA – Oldest Ice, busca reconstruir la historia climática de la Tierra y resolver el enigma de los ciclos glaciares (PNRA/IPEV Beyond Epica via AP)
El proyecto Beyond EPICA – Oldest Ice es una iniciativa financiada por la Comisión Europea y coordinada por el Instituto de Ciencias Polares del Consejo Nacional de Investigación de Italia (Cnr-Isp). Bajo la dirección del profesor Carlo Barbante, el consorcio reúne a 12 instituciones científicas de 10 países europeos, entre ellos el BAS del Reino Unido.
El objetivo principal es reconstruir hasta 1,5 millones de años de la historia climática de la Tierra, extendiendo significativamente el récord anterior de núcleos de hielo, que alcanzaba los 800.000 años y fue logrado por el proyecto EPICA original a principios de la década de 2000.
El Dr. Robert Mulvaney, del BAS, participó en la selección del sitio de perforación durante las temporadas 2016/17 y 2017/18, eligiendo Little Dome C por su potencial para conservar capas de hielo inalteradas durante cientos de miles de años.
El núcleo, almacenado en el British Antarctic Survey, contiene burbujas de aire y partículas que conservan información sobre la atmósfera y los océanos antiguos (PNRA/IPEV Beyond Epica via AP)
Es que el núcleo de hielo antártico no es solo un bloque congelado, sino una auténtica cápsula del tiempo. En su interior, diminutas burbujas de aire atrapadas conservan la composición de la atmósfera de hace más de un millón y medio de años.
Los científicos esperan analizar las concentraciones de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero presentes durante la Transición del Pleistoceno Medio, un periodo clave en la evolución climática del planeta.
Además de los gases, el hielo contiene trazas de polvo, cenizas volcánicas, microorganismos y partículas que pueden revelar información sobre los vientos, la temperatura y el estado de los océanos en épocas remotas, según Muy Interesante.
El enigma de los ciclos glaciares
El proyecto, financiado por la Comisión Europea y coordinado por el Cnr-Isp de Italia, reúne a 12 instituciones científicas de 10 países (ARMAND PATOIR – FRENCH POLAR/Europa Press)
Uno de los principales objetivos del análisis del núcleo es resolver el enigma del cambio en los ciclos glaciares de la Tierra. Durante casi dos millones de años, el planeta experimentó ciclos de glaciación e interglaciación cada 41.000 años.
Sin embargo, hace aproximadamente 1.000.000 años, este patrón se alteró y los ciclos pasaron a tener una periodicidad de 100.000 años. Las causas de este cambio siguen siendo objeto de debate científico. Las hipótesis incluyen variaciones en la órbita terrestre, cambios en la circulación oceánica y fluctuaciones en los niveles de dióxido de carbono atmosférico.
El análisis del núcleo de hielo se llevará a cabo mediante técnicas de vanguardia. El equipo del BAS, liderado por la Dra. Liz Thomas, es especialista en análisis de flujo continuo, un método que consiste en fundir lentamente las secciones de hielo para medir, en tiempo real, la composición química de cada capa. Esta técnica permite obtener datos precisos sobre la proporción de gases, partículas e isótopos presentes en el hielo.
La investigación podría ofrecer la cronología climática más extensa obtenida a partir de hielo, clave para prever el futuro del planeta (PNRA/IPEV Beyond Epica via AP)
La Dra. Thomas explicó a Muy Interesante que “no hay otro lugar en la Tierra que conserve un registro tan largo de la atmósfera pasada como la Antártida. Es nuestra mejor esperanza para entender los impulsores fundamentales de los cambios climáticos de la Tierra”.
Misterios del cambio en los ciclos glaciares-interglaciares
El análisis, que se desarrollará durante los próximos años en laboratorios de toda Europa, proporcionará una cronología climática detallada y continua, posiblemente la más extensa jamás obtenida a partir de hielo. Los resultados permitirán reconstruir el pasado, ofreciendo claves para anticipar el comportamiento del clima en el futuro.
La información publicada por Muy Interesante señala que uno de los objetivos del proyecto es comparar los datos antiguos con los registros actuales. Si durante la Transición del Pleistoceno Medio el planeta ya presentaba niveles similares de gases de efecto invernadero, pero con un comportamiento climático distinto, los investigadores podrán identificar qué otros factores podrían estar influyendo en el clima actual.
Actualidad
“La IA está devorando la electricidad”: el FMI alerta sobre la demanda de energía de los centros de datos para Inteligencia Artificial
Un estudio del organismo precisa que ya consumen más energía eléctrica que Francia y casi tanta como Alemania. y advierte que la expansión de la IA transformó la carrera digital en una disputa material por energía, agua y minerales críticos. Las proyecciones hacia 2030.
El avance de la Inteligencia Artificial y el procesamiento de datos a gran escala ha dejado de ser una cuestión meramente algorítmica para convertirse en un fenómeno de alto impacto físico y material.
Según un paper de Thijs Van de Graaf, investigador del Fondo Monetario Internacional (FMI), la infraestructura que sustenta esta tecnología —específicamente los centros de datos— ha alcanzado niveles de demanda energética que rivalizan con el consumo total de economías avanzadas.
En la actualidad, los centros de datos representan aproximadamente el 1,5% del suministro eléctrico mundial. Esta cifra equipara el consumo de esta industria con el de todo el Reino Unido, supera el de Francia y está apenas a la zaga del de Alemania.
“La IA está devorando la electricidad”, dice un resumen del propio autor sobre el estudio, pues su bien la IA es responsable de solo una fracción de ese porcentaje, su ritmo de expansión es acelerado. El informe destaca que el entrenamiento de un modelo de lenguaje avanzado demanda igual cantidad de energía que la que utilizan decenas de miles de hogares en un año y su operación a escala global multiplica exponencialmente estos requerimientos.
Por cierto, la IA también puede hacer más eficiente el sistema energético y contribuir al ahorro, tanto del lado de la oferta como de la demanda, debido a su capacidad para analizar sistemas complejos y grandes bases de datos, optimizar en tiempo real, reducir incertidumbres y acelerar decisiones, señaló Facundo Armas, desarrollador de Globant, en un reciente evento de la Universidad di Tella sobre Inteligencia Artificial y Transición Energética.
Armas citó un estudio de 2023 de Google y Boston Consulting Group (BCG) según el cual la aplicación de la IA podría hacia 2030 mitigar de 5 a 10% la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEIs). Pero también reconoció su “lado B”: alto consumo energético, de agua para refrigerar los centros de datos y de materiales críticos. De hecho, citó, la Agencia Internacional de Energía calculó en 2023 que mientras una pregunta al Google Explorer demanda en promedio 0,3 Watts hora (Wh), un prompt a ChatGPT demanda 2,9 Wh, casi 10 veces más. Y son millones y millones de consultas a las distintas IA, permanentemente.
La presión sobre las redes nacionales
Según el estudio del FMI, aunque a escala global el aumento de la demanda por IA representa menos de una décima parte del crecimiento energético total de esta década —por debajo de otros sectores como los vehículos eléctricos—, el impacto en los balances nacionales es crítico. En países como Estados Unidos y Japón, se proyecta que los centros de datos serán responsables de casi el 50% de la nueva demanda eléctrica de aquí a 2030.
El caso de Irlanda es el más paradigmático entre las economías avanzadas: allí, estas instalaciones ya absorben más del 20% de la electricidad total del país. Esta concentración geográfica genera tensiones logísticas, dado que los centros de datos se ubican cerca de núcleos urbanos y su construcción es mucho más veloz que la expansión de las redes de transmisión.
En el norte del estado de Virginia (EEUU) el mayor polo de centros de datos del mundo, estas plantas consumen el 25% de la energía del estado. Esta situación ha derivado en la suspensión de nuevas conexiones para otros usuarios y ha forzado a operadores en ciudades como Dublín a paralizar proyectos que no cuenten con capacidad de generación eléctrica propia.
Más allá de los electrones: agua y minerales
La materialidad de la tecnología digital se extiende a otros recursos naturales finitos. El investigador Van de Graaf advierte que la percepción de la IA como algo intangible es errónea. En sus palabras: “Detrás de cada chatbot o generador de imágenes se esconden servidores que utilizan electricidad, sistemas de refrigeración que consumen agua, chips que dependen de frágiles cadenas de suministro y minerales extraídos de la tierra”.
El consumo de agua se ha convertido en un punto de conflicto central. Los sistemas de refrigeración de los grandes servidores requieren millones de litros diarios para operar. De acuerdo con datos citados en el artículo, dos tercios de los centros de datos construidos en Estados Unidos desde 2022 se localizan en regiones que ya enfrentan escasez hídrica. En estados como Arizona, así como en países como España y Singapur, la competencia por el agua entre el uso doméstico y las necesidades de los gigantes tecnológicos ha generado disputas regulatorias.
La refrigeración de servidores demanda millones de litros de agua diarios. (EFE)
A esto se suma la dependencia de la industria minera. La construcción de un complejo a hiperescala puede requerir una cantidad de cobre similar a la producción anual de una mina de tamaño medio. Las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE) indican que para 2030 estos centros consumirán anualmente:
- 500.000 toneladas métricas de cobre.
- 75.000 toneladas de silicio.
- Más del 10% de la demanda mundial de galio.
Geopolítica de los suministros
La competencia por el liderazgo en inteligencia artificial se ha transformado en una carrera por el control de la cadena de suministros de hardware. Los semiconductores de última generación, esenciales para el entrenamiento de modelos, representan un punto de estrangulamiento estratégico. Actualmente, la producción de estos chips avanzados está concentrada casi exclusivamente en la provincia china de Taiwán, a través de la empresa TSMC.
Esta concentración ha disparado medidas de política industrial a nivel global. Mientras Estados Unidos impone controles de exportación y subsidia la fabricación local, China ha respondido con restricciones sobre minerales críticos. El gigante asiático controla actualmente entre el 80% y el 90% del refinado mundial de silicio, galio y tierras raras.
Desde finales de 2024, Beijing ha sumado restricciones adicionales sobre metales como el tungsteno, el teluro, el bismuto y el molibdeno, todos componentes indispensables para microprocesadores y hardware de servidores. Esta pugna ha llevado a que potencias como Japón, la Unión Europea y Corea del Sur busquen alianzas estratégicas en África y América Latina para asegurar el acceso a materias primas.
La infraestructura de la “hiperescala”
La escala de los proyectos futuros supera las capacidades de la infraestructura actual. Los centros de datos denominados de “hiperescala” operan con necesidades energéticas de decenas de megavatios. Sin embargo, la próxima generación de proyectos busca alcanzar los gigavatios. Un ejemplo citado por Van de Graaf es el complejo de 5 gigavatios planificado en Abu Dabi por OpenAI y sus socios. Esta instalación equivaldría a la potencia de cinco reactores nucleares y cubriría una superficie de 26 kilómetros cuadrados.Vista aérea de uno de los corredores de Data Centers en Ashburn, Virginia (EEUU) REUTERS/Leah Millis
Ante este escenario, las empresas tecnológicas han pasado de ser consumidores a actores protagónicos del sector energético. Microsoft, Amazon y Google se encuentran hoy entre los mayores compradores de energía renovable del mundo. Ante la saturación de las redes públicas, estas compañías están invirtiendo en tecnologías propias, que van desde la geotermia avanzada hasta el estudio de pequeños reactores modulares nucleares (SMR) y el uso de hidrógeno como reserva.
Eficiencia y la paradoja de Jevons
Si bien han aparecido avances en eficiencia, como los procesadores de la serie Blackwell de Nvidia o modelos de software más optimizados —como el caso de DeepSeek en China—, la historia económica sugiere que esto no necesariamente reducirá el consumo total. El artículo del FMI menciona la paradoja de Jevons, la cual indica que cuando el costo de un recurso disminuye debido a la eficiencia, su uso suele aumentar con tanta rapidez que termina por anular el ahorro inicial.
La falta de transparencia es otro de los desafíos señalados por Van de Graaf. Actualmente, la industria facilita escasa información pública detallada sobre su consumo real de electricidad, agua o minerales. Esta opacidad dificulta la tarea de los reguladores y las empresas de servicios públicos para planificar la expansión de las infraestructuras necesarias sin comprometer la estabilidad de los sistemas nacionales o los objetivos climáticos.
La transición hacia una economía digitalizada por la inteligencia artificial depende, en última instancia, de la gestión de elementos tangibles. La capacidad de los gobiernos para integrar las políticas digitales con las políticas energéticas y de recursos naturales determinará no solo la viabilidad técnica de la IA, sino también la sostenibilidad de las redes eléctricas y el acceso equitativo a los recursos básicos en las próximas décadas.
Deportes
Colapinto terminó 14° en el GP de Australia, que Russell ganó con Mercedes
El argentino tuvo una desafortunada carrera en el Albert Park de Melbourne, que fue testigo de cinco abandonos, del dominio aplastante de las Flechas de Plata y de una gran remontada de Max Verstappen.
El argentino Franco Colapinto terminó 14° en el Gran Premio de Australia tras ser castigado por un stop and go por infringir el proceso de la largada y no tener ritmo para poder adelantar rivales en la pista. El británico George Russell le dio la victoria a Mercedes, mientras que su compañero Kimi Antonelli y Charles Leclerc, hombre de Ferrari, completaron el podio.
Colapinto fue víctima de su equipo en el amanecer de la carrera, ya que sus ingenieros le indicaron mal el lugar de partida -quedó por fuera de su cajón- y tuvo que pasar por boxes, pero sin poder cambiar sus neumáticos. Además, el pilarense perdió algunos lugares por esquivar con una brillante acción a Liam Lawson, quien inició llamativamente lento con su Racing Bulls.
Pese a no tener ritmo para ganar posiciones en la pista, el bonaerense no fue a boxes hasta la vuelta 49 de 58 y poco pudo hacer cuando regresó. En contrapartida, Pierre Gasly, su compañero, terminó décimo y le dio un punto a Alpine.
Por otra parte, Russell tuvo una lucha rueda a rueda con Leclerc durante las primeras cinco vueltas de carrera, pero luego dominó con comodidad y se llevó 25 puntos de Melbourne. Además, fue una prueba muy accidentada, ya que abandonaron Oscar Piastri (McLaren, chocó en la vuelta de formación), Nico Hulkenberg (Audi, fue al box antes de largar), Isack Hadjar (Red Bull) Valtteri Bottas (Cadillac) y Fernando Alonso (Aston Martin).
Posiciones finales del GP de Australia
George Russell – Mercedes
Kimi Antonelli – Mercedes
Charles Leclerc – Ferrari
Lewis Hamilton – Ferrari
Lando Norris – McLaren
Max Verstappen – Red Bull
Oliver Bearman – Haas
Arvid Lindblad – Racing Bulls
Gabriel Bortoleto – Audi
Pierre Gasly – Alpine
Esteban Ocon – Haas
Alex Albon – Williams
Liam Lawson – Racing Bulls
Franco Colapinto – Alpine
Carlos Sainz – Williams
Sergio Pérez – Cadillac
Lance Stroll – Aston Martin
Fernando Alonso – Aston Martin (Abandonó)
Valttieri Bottas – Cadillac (Abandonó)
Isack Hadjar – Red Bull (Abandonó)
Oscar Piastri – McLaren (No largó)
Niko Hulkenberg – Audi (No largó)
Actualidad
La advertencia de Trump tras el ataque a la embajada: “Lo grande viene pronto”
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes que la actual operación militar contra el régimen iraní es solo el comienzo de una escalada mayor que aún no sucedió. El mandatario advirtió que la fase más contundente de los ataques, denominada “la gran oleada”, aún no ha sucedido.
“Ni siquiera hemos empezado a golpearles fuerte. Lo grande viene pronto”, afirmó Trump en una entrevista con CNN, subrayando que Washington posee la capacidad operativa para prolongar e intensificar las incursiones mucho más allá de las cinco semanas previstas inicialmente.
Dichas declaraciones sucedieron previo al ataque por dos drones, que provocó daños materiales y un incendio “limitado”, a la embajada de Estados Unidos en Riad, según informó el Ministerio de Defensa de Arabia Saudita.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo en declaraciones a Newsnation: “Pronto conocerán la respuesta de Washington al ataque a su embajada en Riad y al asesinato de soldados estadounidenses”.
Los 4 objetivos de la Operación “Furia Épica”
Por primera vez, la Casa Blanca detalló los pilares estratégicos que guían la ofensiva actual.
El primero es destruir la capacidad de lanzamiento de misiles balísticos de Irán; y el segundo es terminar con la marina iraní (Trump confirmó que ya han hundido diez embarcaciones).
Además, el tercer objetivo es impedir de forma definitiva que Teherán obtenga armamento atómico, y el cuarto es eliminar el apoyo financiero y militar a grupos como Hezbollah y Hamas.
Un vacío de poder en Teherán
El mandatario norteamericano resaltó el impacto de los ataques selectivos tras la muerte del líder supremo Ali Khamenei.
Según Trump, la estructura de mando iraní se encuentra en un estado de caos total tras la eliminación de 49 altos mandos.
“Ellos mismos no saben quién los lidera ahora”, deslizó el presidente, sugiriendo que, aunque no se busca formalmente un “cambio de régimen”, la realidad operativa ya ha forzado uno de facto.
El rol de los aliados y la posibilidad de tropas terrestres
Una de las sorpresas destacadas por el Ejecutivo fue la participación activa de países como Bahréin, Jordania, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, quienes, tras ser blanco de agresiones iraníes, han pasado de una postura pasiva a una intervención directa en el conflicto.
Por su parte, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el propio Trump no descartaron el envío de fuerzas terrestres si la situación lo requiere. Hegseth fue tajante al diferenciar este conflicto de experiencias pasadas:
“No es una guerra interminable. No habrá ‘construcción nacional’ ni reglas de enfrentamiento restrictivas. Peleamos para ganar y no desperdiciar vidas”, indicó el funcionario.IP
Costo humano y operativo
Pese al optimismo de la Casa Blanca sobre la supremacía aérea, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, reconoció que la operación es un “trabajo arduo” que ya ha tenido costos para EE. UU.: cuatro militares fallecidos en un ataque en Kuwait y la pérdida de tres aeronaves (atribuidas oficialmente a fuego amigo).
A pesar de las críticas y la incertidumbre sobre la duración del conflicto, Trump se mostró inamovible: “No me importan las encuestas. Estoy haciendo lo correcto en Irán”.
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